Hace unas semanas mi profesora de
inglés decidió encargarme otra tarta por el cumpleaños de su hija. Como le dije
una vez, es mi única cliente de tartas de buttercream ya que a todo el
mundo le llaman mas la atención las de fondant. Supongo que porque es un
material más novedoso en este país y porque te permite acabados más infantiles,
mientras q con la buttercream se consiguen tartas más románticas. No digo que
la crema de mantequilla no admita diseños para niños, solo hay que ver mi primera tarta con manga pastelera, es solo que la misma tarta hecha de fondant parece todavía
mas infantil.
Esta vez me pidió que de alguna
manera (caras o nombres) la tarta tuviese a sus hijos y sus dos primos ya que,
aprovechando la fecha, iban a festejar el cumpleaños de los cuatro. La tarta tenía
que ser de chocolate pequeña, para ocho personas.
Debido a que todavía estábamos en
agosto y no era buena fecha para trabajar con mantequilla porque hacia muchísimo
calor, preferí usar la buttercream solo para el recubrimiento de la tarta y
modelar con fondant las caritas de los cuatro niños. Para ello volví a echar
mano del tutorial que utilice para la tarta de la graduación de
mi hermana caracterizándoles el pelo y los ojos.
Como quería trabajar cómodamente
la crema de mantequilla de chocolate, a pesar del calor, probé a ponerle un
poco del merengue Wilton Powder, que según todas las recetas y blogs era lo
ideal para temperaturas altas o humedad. No sé si me lié con la proporción, o si no
se puede mezclar con cacao, o que lo de echarle el merengue es mentira, pero el
resultado fue una crema con textura de mouse que “no había dios” que
extendiera....se quedaba pegada a la espátula con cada pasada!!! Una pesadilla.
Cuando conseguí extenderla y
dejarla lo más uniforme posible, mi marido me sugirió que le hiciese algo en el
borde porque con la buttercream de chocolate había quedado demasiado sobria. Así
que le añadí en los laterales un poco de confetti de azúcar de colores de FunCakes.
Después le puse las caritas de
fondant bordeando la tarta. Desgraciadamente era tan pequeña que no me cupieron
sus nombres pero mi profe me dijo que los niños se reconocieron en el acto y
corrieron a coger sus rostros en cuanto les dieron permiso.
La verdad es que si hubiese
tenido libertad de diseño no habría hecho la tarta así, lo de las caras flotando me
da un poco de grima, pero es lo que me encargaron y lo importante es que a
ellos si les gusto y disfrutaron mucho comiéndola.
Luz Ignesón
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