“Vintage” es una palabra
inglesa que significa añejo, antiguo, de época, y aunque no está reconocida por
la RAE en España la utilizamos para denominar objetos clásicos de diseño artístico
y buena calidad. Su acepción más antigua viene de las bodegas donde la usaban
para designar a los vinos de las mejores cosechas y poco a poco la idea se acabó
extendiendo a objetos relacionados con la moda o el diseño.
Hoy en día lo “vintage” suele
relacionarse con creaciones de estilo clásico basadas en la calidad, la
exclusividad y la historia. En el caso de la repostería implica utilizar una
gama de colores pastel que evoque las fotos en tonos sepia coloreados de
nuestros abuelos y emplear elementos que se pudiesen encontrar en un baúl
antiguo como los collares de perlas, los corpiños o los camafeos.
Estos preciosos y delicados
cupcakes los hice en mi primer día en la Escuela Anual de Dulces Ilusiones de Las Tablas. Me he apuntado al segundo módulo para aprender técnicas nuevas
y solventar los problemas que he ido encontrado en mi perfeccionamiento
repostero. Ya llevo varias clases y, aunque
de momento no me están enseñando nada que no sepa, es muy interesante aprender
otra manera de hacer las cosas. Además me sirve de desahogo al estrés laboral, poder
dedicar una tarde a la semana a realizar repostería rodeada de buena compañía. ¡Las profes son encantadoras!.
Para realizar estos cupcakes
utilizamos la receta de Magnolia Backery con una cobertura de swiss
merengue buttercream sobre la que colocamos el fondant. Es importante no
quedarse corto con este último de manera que cubramos todo el merengue (mejor
que sobre y cubra el papel a que se vea la crema).
Inicialmente había que dejar los
bizcochos planos, con una fina capa de merengue, pero a todas nos pareció más
bonito darles un poco de forma abultada a modo de cojín. Este efecto se acentúa
en el que tiene un collar de perlas rosa encima para el que, con la ayuda de una
plancha texturizada, le hicimos una cuadricula que luego decoramos con perlas
de azúcar comestibles.
En el que tiene el corpiño, utilizamos
un cortador de corazón y un rodillo texturizado para hacer el elemento
principal. Luego con la ayuda de un palillo le dimos vuelo a las flores. Esta
técnica fue nueva para mí, que siempre he usado una esteca de bola, pero
es muy sencilla: Solo hay que poner la flor sobre una almohadilla blanda,
colocarla al borde de la mesa y rular sobre ella la parte central del palillo
de manera que tenga una posición oblícua.
Para la pieza que lleva el
camafeo hicimos un lazo de fondant rosa y utilizamos un molde de silicona para
el broche. Luego lo retocamos con colorante en polvo dorado.
En el caso del cupcake que imita
a una jaula de pájaros, lo recubrimos con merengue hasta crear una “montaña” de
crema y luego lo tapamos con fondant utilizando un cortador circular de mayor
tamaño que con los anteriores. Con un extrusor sacamos los cordones de
pasta de goma blanca y con unos moldes de silicona hicimos los pájaros. Finalmente
colocamos una cadeneta de flores pequeñas para disimular el borde.
En general estos cupcakes quedaron
muy bonitos y delicados. Cuando llegue a casa además aproveché para estrenar un
plato que me acaba de comprar y que parecía hecho a medida para ellos.
Los puse al día siguiente como
postre en una comida familiar y todos quedaron maravillados. Mi abuela incluso
intento llevarse a casa uno de los pájaros. Le dio pena comérselo y acabó hecho
añicos dentro de su bolso.
Luz Ignesón
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