Como ya os conté el año pasado,
mi abuela ha sido toda su vida una gran escritora, aunque nunca haya publicado
nada. La mayoría de mis recuerdos son de ella sentada con una pluma en la mano
garabateando ininteligibles palabras en una libreta (ni ella misma entiende su
letra).
Cuando yo era muy pequeña se
inventaba historias de una divertida gaviota, llamada Ota, que amenizaban nuestros
días de verano. A medida que yo crecía y aparecían mis hermanas y mi primo, las
historias iban evolucionando y añadiendo personajes. Con Ota aprendí a “hablar
correctamente”, a apreciar a Garcilaso de la Vega, a preocuparme por el estado las
playas y a amar la naturaleza. En total “Las aventuras de la gaviota Ota”
ocuparon muchas tardes felices y mas de 200 páginas que mi familia recopiló
hace unos años en una especie de libro.